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ORIGEN DEL CALZADO EN ALMANSA

Hasta mediados del siglo XIX, la industria del calzado en Almansa se reduce a actividades meramente artesanales en tenerías y pequeños obradores.

A partir de entonces, esa producción artesanal pasa a desarrollarse en talleres. Los zapatos Albacete se confeccionaban en pequeños talleres, en los que, además del maestro, trabajaban a lo sumo un par de oficiales y un aprendiz, dedicando la producción, en principio, al autoconsumo local y, posteriormente, a su comercialización en los mercados de las poblaciones más próximas. Estos talleres, mediante un proceso de auto acumulación, irían generando capital suficiente para la creación de las primeras fábricas.

En estas fechas, Almansa se enmarca en un contexto socioeconómico que se caracteriza por un alto índice de concentración de la propiedad en manos de la aristocracia local, una economía basada en la agricultura (sobre todo cerealícola) y un mercado de trabajo formado por los jornaleros del campo. Todo esto determina un bajo nivel de vida y una fuerte situación de subempleo.

Esta situación se verá alterada con la aparición y desarrollo de la industria del calzado, que se produjo por la conjunción de una serie de factores estratégicos: la situación privilegiada de la ciudad en el eje de comunicaciones que enlaza Madrid con Valencia y Alicante (reafirmada en 1858 con la inauguración de la vía férrea Madrid-Alicante que pasaba por Albacete y Almansa), la constatación de la existencia de un contingente artesanal muy numeroso en el que destaca el de fabricación de calzado (en 1887 se censaban 150 artesanos zapateros) y el importante papel de la arriería en la comercialización de los productos artesanales (en ese año aparecen censados 96 arrieros).

Además de la confluencia de los mencionados factores, no hay que olvidar el papel desempeñado por una familia de comerciantes con una potente capacidad empresarial: la familia Coloma, siendo el primer precedente Antonio Coloma Gil que, ya en 1815, aparece registrado como artesano zapatero.

Francisco Coloma, hijo del mencionado Antonio Coloma, era propietario de un comercio de curtidos hasta 1890-91 y, ya en 1894, aparece en el libro de matrículas industriales como zapatero. En este mismo año se registran tres zapateros más, que serán los predecesores de lo que más adelante serán importantes industrias.

El 16 de abril de 1899 fallece Francisco Coloma y toma su relevo una sociedad denominada Hijos de Francisco Coloma, formada por sus tres hijos. Realiza las labores de gerente uno de ellos, Aniceto Coloma, que fue el verdadero impulsor de la compañía mostrándose como un empresario con ideas muy innovadoras y gran visión de futuro. En este periodo se realizarán avances técnicos, organizativos y sociales de una gran envergadura que van a determinar el posterior desarrollo de la empresa.

En 1904 son ya cuatro los centros de producción de calzado con reconocida entidad: Hijos de Francisco Coloma, Juan Arráez Gómez, Sánchez Hermanos y Cía. y Joaquín Alcocel y Cía. La producción de calzado almanseña en ese año fue de 87.000 pares, mientras que en 1906 ascendió a 1.360.000 pares.

“En estas fechas Almansa se enmarca en un contexto socioeconómico que se caracteriza por un alto índice de concentración de la propiedad en manos de la aristocracia local, una economía basada en la agricultura (sobre todo cerealícola) y un mercado de trabajo formado por los jornaleros del campo.”

A partir de 1907, la empresa Coloma inicia un proceso paulatino de mecanización de la mano de la United Shoe Machinary Company, que durará varios años hasta su total implantación, debido a lo cual, en 1912, se convierte en la empresa con mayor producción de España con 1.800 pares diarios

Hasta la I Guerra Mundial, la producción estaba orientada exclusivamente al mercado nacional. La coyuntura de los años de guerra fue aprovechada para abrir la vía del mercado exterior con destino a los países participantes en la contienda, principalmente Francia. Durante este tiempo la producción estaba centrada en la bota militar. De esta forma, la empresa Coloma se convierte en la primera empresa exportadora de calzado y su capacidad de producción aumentó un 75% entre 1913 y 1918.

Coincidiendo con la Gran Guerra, el proceso de mecanización se extiende al resto de las fábricas existentes, las cuales también experimentan un gran dinamismo a partir de entonces.

La década de los años veinte supone la consolidación de la empresa Hijos de Francisco Coloma y Cía., que tras la guerra experimenta una gran expansión a nivel internacional, puesto que sigue enviando zapatos al mercado francés. En 1926 llega a tener 1.150 obreros.

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“En 1904 son ya cuatro los centros de producción de calzado con reconocida entidad: Hijos de Francisco Coloma, Juan Arráez Gómez, Sánchez Hermanos y Cía. y Joaquín Alcocel y Cía. La producción de calzado almanseña en ese año fue de 87.000 pares, mientras que en 1906 ascendió a 1.360.000 pares.”

En 1928 existen en Almansa catorce fábricas de calzado que aglutinan entre todas a 1.537 obreros. Una de ellas, Andrés Sendra (fundada en 1913-1914), aún continúa en activo y contaba en aquel año (1928) con 80 trabajadores.

Ocho años después, la Guerra Civil y más tarde la posguerra suponen un gran freno al desarrollo de la industria en general, afectando muy negativamente, como no podía ser de otro modo, a la industria local del calzado. La más afectada, sin duda, fue la empresa Calzados Coloma, S.A. (en 1931 se transformó en sociedad anónima) que, debido a la situación económica tan adversa y a motivaciones políticas derivadas de la ideología de sus dueños, que eran diametralmente opuestas al franquismo, se vio abocada a la quiebra y posteriormente, en 1954, al cierre definitivo.

Con el cierre de Calzados Coloma, que contaba en esos momentos con unos 600 trabajadores, se produce un fuerte movimiento migratorio de trabajadores hacia las ciudades zapateras de Levante (principalmente Elda y Elche) y se paraliza la aparición de nuevas empresas hasta el inicio de los años 60.

Es en esta década, los 60, cuando la industria zapatera de Almansa resurge de la mano de multitud de pequeñas fábricas puestas en funcionamiento por los obreros desempleados de las grandes empresas quebradas en los años anteriores. Se pasa de las 15 empresas censadas en 1955 a las 24 de 1960 y a las 51 de 1970. Dos aspectos técnicos permitirán este resurgimiento de la industria: la implantación de la técnica del calzado pegado, más flexible y rápido de elaborar, y la incorporación a las fábricas de las cadenas de fabricación. Ambos avances provocaron un incremento de la productividad muy necesaria para la apertura de los mercados exteriores.

Esta importante reestructuración productiva, que se produjo en los 70, hace que la especialización y la flexibilidad industrial se conviertan en el argumento fundamental para seguir compitiendo en el sector. En este proceso evolutivo surge y se desarrolla la industria auxiliar, como consecuencia de la descentralización de las fases del proceso de producción.

A finales de los 70, un cumulo de dificultades comerciales y económicas (crisis de 1973, nuevas barreras arancelarias en mercados tradicionales y aparición de países productores más baratos como Brasil) determinan una profunda crisis que incide frontalmente en el sector del calzado a nivel nacional y local. Entre 1978 y 1983 se produce un gran número de cierres de empresas y una fuerte contracción del empleo.

No se detectan síntomas de recuperación hasta 1983. Esta recuperación viene determinada, fundamentalmente, por la nueva expansión de las exportaciones. El incremento entre 1982 y 1988 es del 61% en número de pares y del 44% en valor. El ingreso en la UE, a partir de 1985, tuvo una importancia decisiva, tanto para nuestro sector como para la economía general del país. El número de empresas censadas en 1989 es de 177, de las que 95 son fábricas de calzado y 82, empresas de industria auxiliar, que daban ocupación en total a 3.008 trabajadores.

“Es en esta década, los 60, cuando la industria zapatera de Almansa resurge de la mano de multitud de pequeñas fábricas puestas en funcionamiento por los obreros desempleados de las grandes empresas quebradas en los años anteriores. Se pasa de las 15 empresas censadas en 1955 a las 24 de 1960 y a las 51 de 1970.”

En 1980, la caída hasta su punto más bajo de las exportaciones dirigidas a los principales clientes, EE. UU., Alemania y Francia, no fue superada por la introducción de nuestro calzado en mercados alternativos. La recuperación de las ventas viene de la expansión de esos mismos mercados, dejando patente la dependencia de ellos que se perpetuó durante muchos años.

La orientación productiva primordial sigue siendo, como es tradicional, la del calzado de caballero de calidad media-alta, diferenciándose en función de los mercados a los que se dirige.

Durante la década de los 90, la situación del calzado en Almansa sufre un nuevo deterioro: inicia el periodo con 225 empresas y 3.424 trabajadores y lo acaba con 186 empresas (39 menos) y 2.927 trabajadores (497 menos). En estos años nos enfrentamos a la primera Guerra del Golfo, que, aunque corta, tuvo gran influencia en la situación económica mundial, creando una importante situación de inestabilidad, con altos tipos de interés y una elevada tasa de inflación, restricciones de crédito y una gran recesión en el consumo. Todo esto afectó gravemente a todos los países compradores y por supuesto al nuestro. A partir de 1995 se inicia cierta recuperación, pero muy débil, pues el número de empresas y empleos no se llega a recuperar. Es de destacar también la importancia que, a partir de estos años, empiezan a tener las importaciones de calzado provenientes sobre todo de países con un costo de mano de obra mucho más barato que el nuestro y con unos precios con los que se hace imposible competir.

Así comenzamos el siglo XXI, en el que la tendencia de las importaciones sigue en un aumento imparable, sobre todo a partir de 2001, en que China ingresa en la OMC. Las importaciones en el año 2000 eran de 80 millones de pares, mientras que en 2013 llegaron a 329 millones. El crecimiento en estos trece años fue del 411%. Los precios medios durante este último año fueron de 6,29 euros por par. Los principales países proveedores son China, Vietnam, Portugal, Italia, Indonesia, India y Brasil, destacando, sobre todos los demás, China con el 72% del total, lo que suponen 238 millones de pares con un valor de 781 millones de euros y un precio medio de 3,28 euros por par. Esta situación, ya grave, se acentúa más desde 2007-2008 a causa de la gran crisis económica y financiera que estamos todavía padeciendo, la cual ha afectado a todo el mundo occidental y que, en el caso de nuestro país, se ha visto agravada por el estallido de la “burbuja” inmobiliaria, dando lugar a un panorama desolador con altísimos niveles de paro, bajas rentas, altos impuestos, crédito inexistente para familias y empresas y, como consecuencia, una recesión del consumo a todos los niveles.

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“Así comenzamos el siglo XXI, en el que la tendencia de las importaciones sigue en un aumento imparable, sobre todo a partir de 2001, en que China ingresa en la OMC. Las importaciones en el año 2000 eran de 80 millones de pares, mientras que en 2013 llegaron a 329 millones. “

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Esta situación ha tenido importantes influencias negativas en todos los mercados con los que las industrias locales y nacionales de calzado tradicionalmente trabajan. Como consecuencia, se padeció una gran destrucción de empresas y empleos. A nivel nacional, desde el año 2000 hasta el 2013 se han destruido en el sector 1.397 empresas y 17.974 puestos de trabajo. A nivel de Almansa fueron 98 empresas y 893 puestos de trabajo los que cesaron su actividad. Actualmente en nuestra ciudad se registran 62 empresas, entre fábricas de calzado e industria auxiliar, y unos 2.200 puestos de trabajo.

A partir de finales de 2011-principios de 2012 se empieza a estabilizar la situación: si bien no se crea empleo ni empresas de forma significativa, sí se paraliza la destrucción en ambos casos. Todo ello debido al vigor de las exportaciones que compensa con creces la disminución de las ventas en el mercado nacional, que está claramente en recesión. Actualmente tenemos en Almansa un sector mucho más pequeño que hace 13 años, pero más sólido, con empresas más estables, más solventes y de una dimensión media mayor, las cuales supieron posicionarse a tiempo en los distintos mercados apostando por la calidad, la promoción del producto y la marca y la innovación continua en el diseño.

Los zapateros de Almansa, al igual que los de toda España, han pasado a lo largo de la historia por innumerables etapas de crecimiento y de crisis que les han hecho madurar y alcanzar una amplia experiencia con una muy clara vocación exportadora. Desde la aparición de los primeros talleres artesanales hasta la actualidad, en esta ciudad se vive en torno a la elaboración y fabricación del calzado.

Muchos son los nombres de las personas que han pasado desde sus orígenes por el sector, pero algunos lo han hecho con especial relevancia. No se hará mención a ellos por temor a olvidar a alguno, ya que forman un grupo bastante numeroso. Tan sólo nos tomaremos la licencia de mencionar a la familia Coloma, precursores indiscutibles y germen de nuestro sector.

A todos ellos, nuestro más sincero reconocimiento y gratitud por todo lo que nos han transmitido.

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